Muchas personas que cuidan logran dormir algunas horas, pero aun así se despiertan con una sensación de pesadez, irritabilidad o esa «neblina mental» que no desaparece. No se trata solo de la cantidad de sueño, sino de la calidad del descanso en un contexto de alerta constante. Cuidar implica estar pendiente, anticipar necesidades y sostener responsabilidades que no se apagan al cerrar los ojos.
Desde mi experiencia en el ámbito de la salud, es frecuente observar que el descanso de las cuidadoras se vuelve fragmentado e insuficiente, incluso cuando aparentemente “duermen”. Es vital entender la diferencia: el sueño es una función biológica, pero el descanso es una desconexión mental y emocional. En el cuidador, el cuerpo descansa a medias, pero la mente permanece activa, vigilante y cargada de decisiones que continúan durante la noche.
Este tipo de descanso, lejos de ser reparador, mantiene al organismo en un estado de cansancio persistente. A eso lo llamamos descanso imperfecto: un sueño que ocurre, pero un descanso que es incompleto porque no logra procesar la carga mental ni devolver la energía necesaria para afrontar el día.
Cuando el descanso no es solo dormir
Descansar no siempre significa dormir ocho horas seguidas. Para muchas personas que cuidan, eso simplemente no es posible. Hay interrupciones, preocupaciones constantes o la sensación de que no se puede “aflojar” del todo.
El descanso imperfecto aparece cuando el cuerpo no logra entrar en un estado real de recuperación. Aunque se duerma, el cansancio persiste. Esto puede generar frustración y la sensación de que “nada alcanza”.
Cómo el descanso imperfecto afecta al cuerpo y a las emociones
Con el tiempo, la falta de un descanso reparador puede manifestarse de distintas formas:
- Sensación de agotamiento desde temprano
- Dificultad para concentrarse
- Mayor irritabilidad o sensibilidad emocional
- Menor tolerancia al estrés cotidiano
No se trata de un fallo personal ni de no saber descansar. Se trata de una sobrecarga sostenida que impacta directamente en el equilibrio físico y emocional.
Aceptar límites también forma parte del autocuidado del cuidado
Aceptar que el descanso no siempre será perfecto puede aliviar parte de la presión. No todo descanso tiene que ser ideal para ser válido. A veces, pequeños momentos de pausa consciente, respiración o silencio también suman.
Cuidarse no siempre es hacer grandes cambios, sino reconocer las propias posibilidades reales en cada etapa.
Descansar como se puede también es cuidarse
El descanso imperfecto no significa que estés haciendo algo mal. Significa que estás cuidando en un contexto exigente, donde no siempre es posible dormir profundamente, desconectarse del todo o recuperar energía como antes.
Escuchar ese cansancio persistente no es rendirse, es tomar conciencia. A veces, el primer paso no es “descansar mejor”, sino reconocer que el cuerpo y la mente necesitan algo distinto: apoyo, ajustes, pausas reales, aunque sean pequeñas.
Cuidar no debería implicar agotarse hasta desaparecer. Aprender a cuidarte dentro de tus posibilidades actuales también forma parte del cuidado responsable y consciente.
Hablar del descanso imperfecto es parte de entender el desgaste del cuidador. En los próximos artículos seguiremos profundizando en cómo cuidar sin perderte a ti en el proceso.


